VALORES INSTITUCIONALES

La Fundación Juan XXIII, en su Proyecto Educativo, anhela desarrollar conocimientos, habilidades, actitudes y competencias para la vida; en lo espiritual, ético, moral, solidario, afectivo, intelectual, artístico y físico de los estudiantes, mediante la transmisión y el cultivo de valores, conocimientos y destrezas, enmarcados en las libertades fundamentales y en el respeto a los derechos personales y sociales. Los valores que queremos desarrollar y formar en nuestros estudiantes, siendo nuestro modelo de virtud la persona de Jesús, son los siguientes:

Valor de la Solidaridad:

Un valor que nos ayuda a ser una mejor sociedad y que no solamente debe vivirse en casos de desastre y emergencia; Pensamos en la Solidaridad como una actitud que debemos asumir, sin embargo, la Solidaridad es una característica de la sociabilidad que inclina al hombre a sentirse unido a sus semejantes y a la cooperación con ellos. Por eso, no podemos reducir el concepto de Solidaridad a un simple servicio extraordinario; el término «servicio», puede hacernos perder de vista otros aspectos de la Solidaridad que son fundamentales en la vida o existencia del ser humano.

La solidaridad es la ayuda mutua que debe existir entre las personas, no porque se les conozca o sean nuestros amigos, simplemente porque todos tenemos el deber de ayudar al prójimo y el derecho a recibir la ayuda de nuestros semejantes.

Debemos descubrir y comprender que en cada lugar de trabajo y de convivencia, las personas tienen algo interesante que aportar y que enseñarnos; si aprendemos a interesarnos por el bienestar de las personas estamos en condiciones de ayudarles y prestarles un mejor servicio.

Generalmente el bien común va planteando nuevas necesidades, consecuentemente la labor no termina, pero se crea un ciclo en el cual se va haciendo cada vez más efectiva la ayuda y participación de todos. En resumidas cuentas, para vivir la Solidaridad se requiere pensar en los demás como si fuera otro yo, pues no vivimos aislados y nuestros conciudadanos esperan que alguien se preocupe por el bienestar y seguridad de todos, tal vez de alguien como nosotros, como líderes emprendedores.

Por eso, la Fundación Juan XXIII, estará en la búsqueda de una sociedad más fraterna y justa, donde comienza por una solidaridad real y concreta, donde la comunidad educativa desarrolla su vocación universal de “ser” para los demás, sintiendo como propias las necesidades de los otros.

Valor de la Responsabilidad

Todos comprendemos la irresponsabilidad cuando alguien no cumple lo que promete ¿Pero sabemos nosotros vivirla? La responsabilidad (o la irresponsabilidad) es fácil de detectar en la vida diaria, especialmente en su faceta negativa; nos podemos encontrar a diario con personas que no respetan este valor tan importante en la vida del ser humano. Sin embargo, plantearse qué es la responsabilidad no es algo tan sencillo. Un elemento indispensable dentro de la responsabilidad es el cumplir un deber. La responsabilidad es una obligación, ya sea moral o incluso legal de cumplir con lo que se ha comprometido.

La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental: la confianza. Confiamos en aquellas personas que son responsables. Ponemos nuestra fe y lealtad en aquellos, que, de manera estable, cumplen lo que han prometido.

¿Por qué es un valor la responsabilidad? Porque gracias a ella, podemos convivir pacíficamente en sociedad, ya sea en el plano familiar, amistoso, profesional, académico o personal. La responsabilidad en su nivel más elemental es cumplir con lo que se ha comprometido, o la ley hará que se cumpla. Pero hay una responsabilidad mucho más sutil (y difícil de vivir), que es la del plano moral.

Ser responsable es asumir las consecuencias de nuestra acciones y decisiones. Ser responsable también es tratar de que todos nuestros actos sean realizados de acuerdo con una noción de justicia y de cumplimiento del deber en todos los sentidos. Los valores son los cimientos de nuestra convivencia social y personal. La responsabilidad es un valor, porque de ella depende la estabilidad de nuestras relaciones. La responsabilidad vale, porque es difícil de alcanzar.

En la Fundación Juan XXIII, la responsabilidad, es un valor que le permite a las personas reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de sus actos. Un estudiante responsable se hace cargo de sus actos, se compromete frente al quehacer educativo, participando plenamente del proceso aprendizaje y Proyecto Educativo Institucional y de todas las actividades en que pueda demostrar su potencial.

Valor de la Verdad

La búsqueda de la verdad; La Fundación Juan XXIII se propone formar, buenos ciudadanos, buenos estudiantes y buenas personas. Ello no es posible sin tener como un valor fundamental la búsqueda de la verdad, pues la formación de nuestros estudiantes supone un crecimiento no solo cuantitativo (acopio de conocimientos), sino más aún, un crecimiento cualitativo (moral y espiritual).

En virtud de ello, la búsqueda de la verdad es el primero y quizá uno de los más importantes de nuestros valores institucionales, por su carácter Evangélico (Yo soy el camino, la verdad y la vida Jn 14,6). La etapa escolar es un período privilegiado para su búsqueda. Búsqueda que implica, por supuesto, la transmisión del conocimiento, sin olvidar que éste adquiere sentido, no por su utilidad en provecho propio, sino por su valor intrínseco y por la dimensión de servicio de quien posee dicho conocimiento. Esta búsqueda que corre por las venas de nuestra Institución es garantía de una educación escolar que aporta no solo al bien de la persona del estudiante, sino también al bien de toda la comunidad educativa, la sociedad y de la humanidad.

Cuando profesores y estudiantes a través del diálogo académico se esfuerzan por descubrir lo que las cosas son, están “haciendo” escuela. Recordemos que la verdad nos hace libres, porque nos libera del yugo de las apariencias, de la esclavitud de los vicios, de la ignorancia, de la hipocresía; por ejemplo, la de Pilato, quien no cree en la verdad, y por ello no espera la respuesta a su pregunta, ¿Qué es la verdad?, y se lava las manos.

La escuela es el lugar donde se lleva el pensamiento al límite de sus posibilidades precisamente para descubrir la verdad. Ahora bien, no hay una genuina búsqueda de la verdad, si primero no se ama la verdad. Es evidente que la verdad muchas veces no se nos presenta a flor de piel, y por ello hay que buscarla, y a veces intensamente, pues se encuentra muy oculta, pero cuando se la descubre, la satisfacción es inmensa.

La persona está por naturaleza llamada a perfeccionarse y para no equivocarse demasiado en esta labor, que nos ocupa toda la vida, debe conocer la verdad. De este modo, su búsqueda supone una actitud interior, que le da sentido a nuestra existencia. Esta búsqueda requiere de auténticos maestros que amen lo que enseñan y de genuinos estudiantes, que amen aprender.

Formar buenos estudiantes, ciudadanos y personas, exige educar al ser humano para que aporte desinteresadamente al bien común. En consecuencia, el sentido último de la búsqueda de la verdad lleva aparejada la necesidad de poseer un saber superior, pues este mientras más excelso, de mejor manera contribuirá a mejorar al ser humano y en consecuencia a toda la sociedad; este es el compromiso de la Fundación Juan XXIII con la verdad, que implica, en el estudiante y en toda persona, la capacidad de hacer de la propia vida, una obra verdadera, buena y bella.

Valor del Respeto

El respeto es un valor muy importante que debemos cultivar día a día; en nuestro hogar, escuela, familia, amigos y todas las personas que están a mi alrededor y de esta manera tener un espacio armónico, el cual podemos compartir libremente.

El Respeto es la esencia de la vida en comunidad, el trabajo en equipo, el cual conlleva a crear un ambiente de cordialidad y seguridad; debes aplicarlo con todos aquellos aspectos positivos que coseches, en valorar los intereses y necesidades de otro individuo.

El respeto es un sentimiento positivo que se refiere a la acción de respetar; es equivalente a tener veneración, aprecio y reconocimiento por una persona o cosa. Como tal, la palabra proviene del latín respectus, que traduce “atención”, “consideración”, y originalmente significaba “mirar de nuevo”, de allí que algo que merezca una segunda mirada sea algo digno de respeto.

El respeto es uno de los valores morales más importantes del ser humano, pues es fundamental para lograr una armoniosa interacción social. Una de las premisas más importantes sobre el respeto es que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a comprender al otro, a valorar sus intereses y necesidades. En este sentido, el respeto debe ser mutuo, y nacer de un sentimiento de reciprocidad.

Respetar también es ser tolerante con quien no piensa igual que tú, con quien no comparte tus mismos gustos o intereses, con quien es diferente o ha decidido diferenciarse. El respeto a la diversidad de ideas, opiniones y maneras de ser es un valor supremo en las sociedades modernas que aspiran a ser justas y a garantizar una sana convivencia. Muchas religiones, de hecho, abordan la cuestión del respeto hacia los demás, porque es una de las reglas esenciales para tener una relación sana con el prójimo.

Para la Fundación Juan XXIII, el respeto, es el valor que significa; reconocer en sí mismo y en los demás sus derechos y virtudes; constituye la base de las relaciones interpersonales en una comunidad de estudiantes, reconociendo la autonomía y la aceptación de las diferencias individuales. Un estudiante que acata las normas de convivencia, practica la empatía y la cortesía en el trato con los adultos y sus pares. Es la consideración, deferencia, el miramiento que se hace de la persona, que proviene de la especial dignidad de ser hijo e hija de Dios.

Valor de la Fortaleza

Se conoce como fortaleza a la fuerza, vigor, firmeza, resistencia. En la doctrina cristiana, fortaleza es la tercera virtud cardinal que trata de vencer el temor y eludir la temeridad.

No todos los seres humanos poseen esta virtud, pero quienes la contemplan demuestran firmeza en las dificultades que se van presentando a lo largo de la vida y constancia por buscar el bien. Asimismo, son capaces de afrontar los problemas con valentía sin dejar a un lado la razón que le permite obrar bajo ciertos principios.

La fortaleza es una virtud que permite al individuo enfrentar, soportar y vencer los obstáculos que van en contra del bien y de su parte espiritual. Como tal, la fortaleza es una fuerza física y moral que permite al individuo ser fuerte, perseverante y vencer el temor que siente en determinadas situaciones.

Para nosotros, los católicos, el Señor es sinónimo de fortaleza, confianza, es por ello, que ante situaciones difíciles se recurre a él para solicitar ayuda, protección, fuerza y, todas las herramientas necesarias para luchar y seguir adelante ante las adversidades que se van presentando a lo largo del camino.

La fortaleza es indispensable en el desarrollo humano para resistir muchos de los momentos lamentables que nos acontecen en nuestra vida y que desafortunadamente estamos expuestos a padecer.

El valor de la fortaleza radica en la virtud que nos ayuda a formarnos para ver el sentido real de las cosas y de la vida misma, nos hace ver y saber siempre lo que queremos ser y adonde queremos ir.

Fortalecer el alma, el cuerpo y la mente, aspectos necesarios para superar adversidades, problemas, situaciones, enfermedades, padecimientos, rupturas y depresiones.

La Fundación Juan XXIII ha tomado la Fortaleza como valor Institucional, porque nos hace constantes en la lucha y la dedicación que van muy de la mano; el levantarse luego de haber caído, no importando cuantas veces sea, es tener fortaleza en todas sus formas; la fe de saber que al final se obtendrá una ganancia de cualquier aspecto es lo que da energía a esa fuerza u fortaleza conocida en las personas y esto lo inculcamos constantemente en nuestro ambiente escolar que da valor al alma para poder afrontar con coraje y vigor los riesgos, moderando el ímpetu de la audacia.