TESTIMONIOS

PERSONAS DE NUESTROS ESTABLECIMIENTOS QUIEREN CONTAR Y HABLAR SOBRE LO QUE SIGNIFICA TRABAJAR EN ESTA NOBLE LABOR DE EDUCAR.

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Aniseth Salcedo Contreras

ASISTENTE DE LA EDUCACIÓN

“Para mí no es tan sólo un colegio, sino que es mi segunda familia”

El día 04 de agosto del año 2010 me incorporé como asistente de primer ciclo en la Escuela Juan Pablo II.

En lo personal me siento orgullosa y feliz de pertenecer a una comunidad educativa donde he aprendido a conocer personas muy generosas y que entregan mucho cariño, somos un grupo súper unido y nos queremos y respetamos tal cual somos.

La Fundación significa una parte muy importante en mi vida, ya que tengo más que colegas grandes amiga/os de trabajo, destaco que somos una comunidad muy unida y siempre está presente cuando un trabajador está pasando momentos difíciles. Para mí no es tan solo un colegio, sino que es mi segunda familia. Uno de mis deseos es seguir perteneciendo a esta gran institución donde todos los días voy aprendiendo algo nuevo, ya sea con los alumnos, colegas o familias.

En pocas palabras amo mi labor como asistente y estoy eternamente agradecida de Dios y la vida por darme la oportunidad de pertenecer a esta maravillosa Fundación por la que me saco el sombrero.

Sandra Auad Salman

EDUCADORA DIFERENCIAL

«Semilla que permitió crear esperanza, encender la imaginación e inspirar el deseo de educar» 

Pertenecer al Colegio San Gabriel Arcángel para mí es una historia de vida que comenzó en el año 1990. Recién egresada de la universidad ingresé a trabajar en el ese entonces Colegio Teresiano Anexo, donde inicié mi formación como persona y profesional. Ahí integré un pequeño cuerpo de profesores que con el pasar de los años se transformó en mi segunda familia: grandes amistades y grandes colegas. Juntos iniciamos un proyecto educativo que con el tiempo se transformó en un tremendo desafío que nos impulsaba a crecer y dar cada día lo mejor. No fue fácil y sin duda que nuestro compromiso nos guiaba y acompañaba en cada paso que dábamos.

Así fui parte de los cambios y crecimiento de la Fundación Juan XXIII y del Colegio San Gabriel Arcángel. Siempre agradecida de quienes me guiaron  y creyeron en mi capacidad de ejercer mi labor de educar, aportando positivamente para mi crecimiento profesional y personal.

El Colegio San Gabriel Arcángel me ha entregado satisfacciones como educadora al ver crecer y educar generaciones por años. Es un colegio de excelencia académica que trabaja siempre pensando en mejorar los aprendizajes y  el desarrollo personal de los estudiantes, resaltando los valores éticos, morales y espirituales.

Siento que no es fácil permanecer firme, luchar por lo que se siente justo y seguir adelante a pesar de las dificultades. Mis años de juventud y mi vida entera han estado al servicio de esta institución. He visto partir, por diversas razones, a amigos, colegas, alumnos y familias… he crecido con cada dolor y con las alegrías que me ha dado el desafío que tomé hace tanto tiempo de pertenecer a esta institución.

Ana Peñailillo

DOCENTE

«Pasados los años siento que yo soy la que más ha recibido de los pewenches»

Mi testimonio está basado desde el año 1998, momento en que comencé mi trabajo de docencia en la comunidad de Trapa – Butalelbun: ese fue el primer día que la Fundación Juan XXIII me dio la oportunidad de poder ir a entregar mis conocimientos como un aporte a una admirable cultura  pewenche. Al comenzar a subir hacia la cordillera en un bus de recorrido interurbano, lleno de aventuras, me imaginé de inmediato que encontraría a personas sencillas, humildes pero de un corazón infinito que solamente daba afecto y entregaba hasta lo que no tenía cuando uno los visitaba. Ahí comprendí que Dios existía en aquellos parajes de exuberante hermosura y tranquilidad.  Pero también estaba la mano de Dios en cada familia, compuesta por un número importante de integrantes que compartían alrededor de un gran fogón, sentados en troncos de árboles, bancas y, muchas veces, con escaso alimento disponible. Sólo la abundancia del exquisito  piñón tostado y  el mate con mucho lawen. Ese tiempo era pura alegría.

Recuerdo a los niños de piel tostada por el viento frío y los hielos de la nieve, pero tan felices y tan protegidos por sus padres, que era impresionante cómo ellos se sentían cobijados bajo un manto de sueños que eran el cuidado del ganado, subida a la veranada y su participación en el Nguillatún .

Pasados los años fui sintiendo que yo era la que más había recibido de los pewenches, pues en la docencia aprendí que ellos en el área de educación necesitan solamente las herramientas necesarias para desarrollarse porque les sobra la inteligencia. Era necesario vivir con ellos sus penas y alegrías, abrirles puertas al conocimiento y valorarlos como seres humanos que también necesitan comodidades que les mejoren su  calidad de vida sin perder su identidad.

Hoy  valoro a aquellas instituciones como la Fundación Juan XXIII que hacen lo posible por ponerse en el lugar de los niños y adultos pewenches. Esto se puede ver en la preocupación constante por mejorar la  educación y estadía  de los niños en los  internados que administra, como también su comprensión con todo el personal pewenche y occidental que está presente día a día en sus establecimientos.

Y por último valoro mucho a todos los docentes que cada día domingo durante el año viajan largas horas por estar en la escuela y así comenzar la jornada de los lunes, sin quejas y sonrientes, llenos de energía. Al mirar sus ojos veo personas transparentes, con las mejores ganas para entregar lo mejor por aquellos niños y niñas pewenches.

Ramón Arriagada

INSPECTOR

“Yo también quiero ser formador de principios cristianos”

Ingresé al Colegio Padre Hurtado y a la Fundación hace 17 años, el 24 de febrero del 2003, tras participar en un programa de formación de inspectores educacionales en la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Hoy soy el inspector de la media en el Colegio Padre Alberto Hurtado.

Para mí el pertenecer a la Fundación lo resumo como “crecer y aprender”, porque me interpreta claramente con la tarea de ir y predicar el evangelio a toda persona en este mundo. Yo también quiero ser formador de principios cristianos. Por eso al ser parte del colegio y de la Fundación Juan XXIII me siento bendecido por Dios, pues el acompañar a tantos niños y jóvenes es un privilegio y una clara respuesta que nuestro paso por esta tierra es una tarea de apoyar a quien necesita una palabra, una esperanza. Si sumamos que estos niños y jóvenes son muy cercanos al diálogo, entonces la tarea es más fácil de realizar.

Entonces me gusta que sea una agrupación grande, donde puedes aprender de la sabiduría de los más viejos y contagiarte con la energía de quienes están comenzando. Se parece a una gran familia, todos tenemos un espacio y todos podemos aportar desde nuestro rincón.

Ramón Arriagada es inspector de la enseñanza media en el Colegio Padre Hurtado. Como hombre de radio, siempre colabora en las locuciones institucionales del colegio y de la Fundación.