EDUCAR EN LA DIVINA PROVIDENCIA

EDUCAR EN LA DIVINA PROVIDENCIA

Los alumnos hoy viven en un mundo que no conoce límites, un mundo inmediato que aparentemente responde a todas sus necesidades. Por ello, educar para que los estudiantes confíen en la Divina Providencia del Señor, es un gran desafío. Los jóvenes de hoy requieren líderes coherentes y veraces que los guíen y se mantengan cercanos. Me he planteado muchas veces qué sería de mis proyectos, si no estuviera conmigo un Señor que provee y  que ilumina mi camino y los planes educativos que nos trazamos junto al equipo directivo que me asesora. Dios que está siempre atento a nuestras necesidades y que nos sorprende periódicamente, haciéndonos saber que no nos deja solos y que está siempre ahí donde lo necesitamos, se preocupa también de iluminar nuestro camino. La estrategia educativa para identificarse con un Dios Divina Providencia, que vislumbro con mis años de experiencia, es tocar los corazones de los jóvenes. Llegar a ellos con dinámicas atrayentes e innovadoras, haciéndolos sentir que existe un Dios amoroso que espera y necesita de ellos. La solidaridad, por ejemplo, es un valor que desde los más necesitados les permite a los alumnos conectar como un puente a Dios y al prójimo. Hacerlos sentir que la pobreza es fruto de la injusticia social, de los que tienen más y no comparten y que lo material es efímero y lo que es verdaderamente perenne, es tener una actitud solidaria partiendo que Dios es un Dios solidario, un Dios Divina Providencia. Eso es educar. Dejar que los jóvenes practiquen ese valor y hacer que los alumnos  salgan de sí mismos y se sientan cercanos a los más necesitados es una manera para que ellos mismos puedan ser “providencia”  para los demás  y de esa forma  imitar a un Dios generosos que también está atento a sus necesidades. Cuando los estudiantes “tocan con su mano” la pobreza y se sienten responsable del otro, del bien llamado prójimo, entonces el mundo mejora. Cuando ellos se dan cuenta que si no hacen nada por “el otro”, este mundo sigue carente de espiritualidad y de sentimientos nobles y  se seguirá destruyendo rápidamente como lo está haciendo ahora, entonces estamos educando sus corazones. La Divina Providencia es hoy lo más urgente para vivir y existir material y espiritualmente. Sin esta experiencia tendremos alumnos tecnológicamente vacíos y ensimismados que no dejarán huellas y morirán “viviendo” preocupados por ser exitosos y campeones en nada. Y los que son educados en la solidaridad frente al desafío de cada día podrán decir felices y con cariño que “Dios Proveerá”.

Ericka Oyarzo A.

Directora del San Diego de Alcalá, en Huepil.

2019-10-22T16:32:20+00:00

Ericka Oyarzo A.

Directora del San Diego de Alcalá, en Huepil.